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Sofía

El nuevo repollín de la planta de la abuela estaba naciendo. Era evidente que estaría orgullosa, pero parecía ser que la abuela no había visto todavía su nuevo triunfo jardinero. Carlos, sin embargo, el nieto, lo había visto desde que se había despertado ese día; al requetebuscar a la abuela por toda la casa, se dio cuenta de que no estaba y, al ir exhausto a la nevera por un vaso de leche, entendió al ver la nota que dejó pegada con los imanes de los países que había ido recolectando veranos pasados, que estaba en el supermercado. 

Era evidente, al mirar el reloj, que carlos estaba ansioso por mostrar la planta a la abuela. Después de todo. Ella le había enseñado a echarles agua, a mover la tierra, a hablarles, a acariciar sus hojas, él tenía que enseñarle qquee por fin la planta que no tenía repollos, tenía repollos.

De repente se oyó un auto semejante al de su abuela. Carlos corrió hacia el balcón, se empinó por las barandillas y miró.

¡Por fin! La abuela con fundas. Por un momento quiso ayudarla, pero recordó que era muy chiquito. Un señor vecino muy alto y muy elegante se acercó a la abuela tomó las fundas y la ayudó a subirlas. Al subirlas, elĺa se vió muy agraadecida, le ofreció una sonrisa y entró en la casa.

- ¡Abuela! No sabes, no sabes, a que no sabes...

- ¿Qué será lo que no sé?

- La planta clementina tiene un repollo.

- ¿Ah si?... No - Dijo incrédula.

- Sí - Dijo y se rió con risa malévola.

- Oh! ¡Carlos! ¡Clementina tiene un pequeño hijo!

- Te lo dije, abuela.

 

Carlos abrazó a su abuela y le preguntó si le podía poner un nombre. Ella le dijo que sí, que cualquiera. Y él respondió: ¡Sofía!

 

- ¡¿Sofía, como yo?!

- Como tú abuelita. Mamá nos contó que pensabas que no resurgirías en tu vida nuevo, pero lo hiciste. Así que eres como Sofía.

 

Hizo un silencio.

Sonrió, se le humedecieron los ojos. Y rió. Abrazó a Carlos y lo besó.

 

-¿Eres demasiado sabio, sabías?