Detalle inesperado y navideño

Detalle inesperado y navideño - student project

El pavo comenzó a hablar en la cena de Navidad, con la voz que esperarías de alguien rostizado y apunto de ser devorado. Olor de las navidades pasadas nos impacientó, pero nos hizo abandonar las viejas costumbres para sentarnos directo a picar el pavo.

Oramos un poco, en compañía de velas de adviento de aroma canela y vainilla y un muy a escala pecebre, con más musgo que nada, en el mueble contiguo al comedor. La luz en el comedor era suficiente para saber lo que había dentro del pavo, y justo eso mi hermano pretendió curiosear, sino cuando el pavo soltó chillidos como de olla exprés. De golpe, nuestras caras alegres y antojosas se torcieron, y nuestra canción navideña, en la que Luis Miguel canta sobre que Santa Claus llega a la ciudad, se cobró de un significado macabro serial al escuchar el estribillo: “No intentes ocultarte pues, siempre te verá”...

Así que, por un momento mi hermano creyó que Santa Claus se había metido al pavo, y mi madre dijo volteando de reojo a mi padre, “Santa Claus necesitaría más de veinte pavos para ocultarse”. Eso liberó lo que serían nuestras breves risas nerviosas, tras después ver como el pavo se levantaba de la mesa, se tiraba al piso, saltaba al manojo de la puerta para abrirla, y antes de irse sabrá Santa Claus a dónde, se quitó una alita y nos la aventó a la mesa. “¡Gracias!” le contestó mi hermano con la alita en mano.