Hay muchos tipos diferentes de recursos literarios que puedes usar para que tus escritos tengan más impacto. Y, cuando se trata de comparar dos cosas, una analogía podría ser el recurso perfecto.

Las analogías se usan para mostrar algo que dos objetos o ideas tienen en común. En la escritura, pueden ser una herramienta eficaz no solo para mostrar en qué se parecen dos cosas, sino también para resaltar en qué son diferentes. Pero, para usarlas correctamente, necesitas saber exactamente qué son las analogías, así como los fundamentos de escribirlas y usarlas en el habla diaria.

Esto es lo que debes saber sobre este recurso literario común, lo que incluye su definición, varios ejemplos y una guía rápida de sus tipos y consejos. 

Enlaces rápidos

¿Qué es una analogía?

«El gozo es a la diversión lo que el mar profundo es a un charquito. Es un sentimiento interior que apenas puede contenerse». —Terry Pratchett, Un sombrero de cielo (traducción de Manuel Viciano)

Si quieres aprender a usar analogías, primero tienes que aprender su finalidad y su función.

Una analogía es un recurso literario que hace una comparación inesperada entre dos cosas. El objetivo de escribir analogías es que el lector profundice su comprensión de uno o ambos objetos de la comparación, ya sea a manera de explicación o de afirmar algo de forma más amplia y puntual.

Las analogías tienen una complejidad inherente a ellas que no se encuentra en los símiles ni en las metáforas, primos cercanos de las analogías que no alcanzan la misma profundidad de significado. Así que, a medida que experimentas con usar analogías en tus ensayos personales, ficción literaria y otros tipos de escritos, no solo pienses en lo que tienen en común los dos objetos o ideas que estás comparando, sino en el mensaje que intentas mandarle a tu público.

Ejemplos de analogía

Una buena manera de detectar una analogía es buscando frases que indiquen que se trata de una, como «es/son para» y «es/son como», aunque las palabras exactas no siempre son evidentes, en especial en la literatura clásica. Mira estos ejemplos famosos de analogías e intenta elegir la frase (o frase supuesta) que enlaza a ambos objetos y da pie a la comparación.

  • «La verdad, como el oro, se debe no obtenido por su crecimiento, pero, eliminando de ella todo lo que no es de oro». —Leo Tolstoi
  • «Puedo sentir admiración hacia el asesino perfecto… como podría también admirar a un tigre, que es una fiera espléndida. Pero lo admiraría desde el exterior de la jaula. No entraría en ella…». —Agatha Christie, Cartas sobre la mesa (traducción de A. Soler Crespo)
  • «El tiempo es un río y una corriente impetuosa de acontecimientos. Apenas se deja ver cada cosa, es arrastrada; se presenta otra, y esta también va a ser arrastrada.…». —Marco Aurelio, Meditaciones (traducción de Ramón Bach Pellicer)
  • «(…) lo de las pulgas es un engorro. Una vez las coges ya no puedes deshacerte de ellas. Son igual que un vicio». —Haruki Murakami, Kafka en la orilla (traducción de Lourdes Porta)
  • «La memoria es amar lo que el platillo es para la taza». —Elizabeth Bowen La casa en París (traducción de Silvia Barbero Marchena)

Mejora tu manera de contar historias

Narración básica: personajes, conflicto, contexto y oficio

Cinco tipos de analogías

Existen algunos tipos de analogías, cada uno de los cuales sirve para resaltar una comparación de una manera única. Estos cinco son algunos de los más populares y los puedes usar en diferentes momentos de tu escrito para relacionar dos cosas.

1. Sinónimos

Las analogías de los sinónimos comparan dos pares de palabras o frases que significan lo mismo. Los dos pares no tienen que ser sinónimos (y suelen no serlo).

Ejemplos:

  • Lo helado es al frío como lo que hierve es al calor.
  • La valentía es a lo heroico lo que la cobardía es a la pusilanimidad.
  • Lo vibrante es a lo colorido como lo soso es a lo aburrido.

2. Antónimos

Las analogías de los antónimos funcionan en gran medida igual a las analogías de los sinónimos; sin embargo, en vez de que cada par signifique lo mismo, significa lo contrario. Además, las palabras, los objetos o las ideas que se usan en cada mitad de la analogía deben tener la misma relación opuesta para que las diferencias en el significado realmente hagan la conexión se intensifique.   

Ejemplos:

  • El día es a la noche como estar arriba es a estar abajo.
  • La humedad es a lo seco lo que estar lleno es a estar hambriento.
  • El mal es a la bondad lo que el egoísmo es a la generosidad.

3. Causa-efecto

Una analogía causa-efecto compara dos relaciones causales. En cada par, la primera palabra o frase será la causa y la segunda será el efecto, y ambas compartirán las relaciones causales.

Ejemplos:

  • Cantar es a la música lo que hablar es al lenguaje.
  • La semilla es a plantar lo que el pensamiento es a una idea.
  • Las recetas son a la cocina lo que los algoritmos son a la programación.

4. Por producto

Una analogía por producto compara dos pares en los que la primera palabra o frase es total o parcialmente responsable de la segunda palabra o frase. Al igual que con las analogías causa-efecto, estos dos pares comparten una conexión causal.

Ejemplos:

  • Las abejas son a la miel lo que las vacas son a la leche.
  • La película es a los filmes lo que el lienzo es a las pinturas.
  • La electricidad es a la iluminación lo que el gas es a la cocina.  

5. Por función

En una analogía por función, cada par presenta dos palabras o frases en el que la primera es un objeto y. la segunda es aquello que el objeto hace. Y, una vez más, es la conexión entre ambos objetos del par y la conexión entre los dos pares en sí lo que aporta el significado mayor que la analogía reviste.

Ejemplos:

  • Las tijeras son a cortar lo que las agujas son a coser.
  • Los libros son a leer lo que las películas son a ver.
  • Los coches son a conducir lo que los barcos son a navegar.  

Analogías en la escritura

Encontrarás un uso amplio de analogías en la literatura y otras formas de escritura. Los autores usan analogías en todo, desde descripciones de personajes y diálogos hasta la exposición de la trama como herramientas para que el lector pueda entender mejor lo que está sucediendo. Las analogías pueden crear imágenes más vívidas o explicar algo que de lo contrario podría malinterpretarse. También se pueden usar para dar a entender significados más profundos que los que la página parece contener, táctica que se usa a menudo en la ficción.

Ejemplos de analogías en la literatura

  • «Gradualmente, la amargura en mi corazón se difundió a la circunferencia del círculo en que mi vida llevaba su mecánica y triste actividad». —Edward Bulwer-Lytton, Una historia extraña (traducción de Frater Lucis Fiducius)
  • «Los componentes que formaban mi ser eran distintos, como si el agua que contenía mi cuerpo antes de tener amigas se hubiera evaporado casi del todo y hubiera sido reemplazada por agua nueva». —Sayaka Murata, La dependienta (traducción de Marina Bornas)

Analogías en la poesía

Las analogías poéticas tienen la misma finalidad que las analogías en otros tipos de escritura, pues los poetas usan analogías para elevar la autoexpresión y da más significado a su trabajo. Y, de muchas maneras, la poesía sirve como un formato perfecto para el uso de analogías, lo que permite hacer comparaciones significativas que no tengan que encajar en las estructuras más rígidas de la prosa.

Ejemplos de analogías poéticas

  • «El día acabó: negro velo / se desploma de alas nocturnas, / como pluma que se derrumba / de un águila en su vuelo». —Henry Wadsworth Longfellow, «El día acabó» (traducción de M. G. Burello)
  • «Los serios, que cerca de la muerte ven con una mirada deslumbrante / ciegos ojos que pudieron arder y alegrarse como meteoros, / sienten rabia, rabia contra la agonía de la luz». —Dylan Thomas, “No entres dócilmente en esa buena noche” (traducción de Juan Carlos Villavicencio)

Cómo escribir analogías

Usar analogías en tus escritos puede ayudar a que tus lectores comprendan mejor lo que estás intentando decir, pero tienes que asegurarte de usarlas adecuadamente si quieres que tu punto se entienda.

Estos son algunos consejos de cómo usar las analogías la siguiente vez que te sientes a escribir:

  • Procura que sea, al menos, bastante sencilla. Una analogía solo puede ser eficaz si la conexión que menciona es clara. No tienes que simplificarla demasiado, pero sí asegurarte de que la relación sea lo suficientemente fácil de deducir para que tus lectores puedan tener el efecto total de la comparación.
  • No la fuerces. Una analogía forzada es contraproducente. Esto se aplica tanto al contexto en el que usas la analogía como a la analogía en sí. Si tienes problemas para escribir una analogía que diga lo que quieres, tal vez no sea el mejor lugar para incluir una.
  • Compara algo concreto con algo abstracto. Si ambas partes de la analogía son abstractas, tu lector tendrá que hacer gimnasia mental para entender su finalidad. Y si son demasiado concretas y evidentes, no tiene sentido usar la analogía. Busca un buen punto medio y compara algo abstracto con algo concreto para generar el máximo impacto.

Las analogías son una manera de hacer afirmaciones más amplias y audaces con tu trabajo. Escribirlas puede tomar algo de práctica, así que tómate tu tiempo para pensar en unas que sean poderosas y no te preocupes si no les agarras la mano al principio. 

¿Cómo se empieza una historia?

Conceptos básicos de escritura creativa: cómo redactar escenas de apertura que se destaquen