En la escritura creativa, no existen límites. No es necesario que escribas descripciones lineales y basadas en datos; puedes usar lenguaje figurativo para expandir los límites de la realidad y crear una pintura más vívida en la mente de los lectores. La personificación es uno entre muchos recursos literarios que pueden iluminar tu escritura y ayudarte a contar una historia de forma más eficaz. ¿Quieres saber más sobre este tipo de recursos y ver ejemplos de personificación de libros y poemas conocidos? Lee la guía a continuación.

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¿Qué es la personificación? 

Comencemos con una definición básica de personificación: es una forma de lenguaje figurativo que atribuye rasgos humanos a un objeto no humano. El objeto puede tener sentimientos o emociones humanas, o puede mostrar comportamiento humano. 

Ejemplos de personificación cotidianos

Es probable que uses la personificación en tu vida cotidiana. Por ejemplo, puedes usar la frase «se murió mi teléfono» cuando tu dispositivo se queda sin batería. Claro, el teléfono no puede morirse realmente sino que tú le estás atribuyendo un comportamiento humano. 

Otros ejemplos cotidianos de personificación:

  • El sol me besó las mejillas. 
  • Mis plantas piden por favor un poco de agua.
  • La cama se quejó cuando me metí a dormir. 
  • Los árboles danzaban con el viento. 
  • El olor de tortas recién horneadas me hizo entrar a la panadería. 
  • Las noticias vuelan.

Finalidad de la personificación: ¿qué logra la personificación? 

La personificación permite a los escritores dar vida a objetos o animales inanimados, y puede ser una forma eficaz de señalar algo o comunicar un concepto. Esta herramienta puede ayudar a definir el rol de algo no humano en la historia, animar al lector a empatizar con ese personaje o simplemente crear una imagen más clara en la mente del lector. 

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Ejemplos de personificación en poesía

1. Erraba solitario como una nube, de William Wordsworth

cuando de pronto vi una muchedumbre, 

una hueste de narcisos dorados; 

junto al lago, bajo los árboles, 

estremeciéndose y bailando en la brisa.

En el poema «Erraba solitario como una nube», William Wordsworth describe las flores como objetos que se estremecen y bailan con la brisa. Aunque sabemos que las flores no bailan realmente, esta personificación poética pinta una imagen del movimiento de los narcisos. 

2. Ysi de Shel Silverstein 

La otra noche, mientras estaba pensando,

Algunos Ysi se treparon en mi oreja

Y brincaron y se dividieron toda la noche

Y cantaron la vieja canción de los Ysi:

¿Ysi soy el tonto de la escuela?

¿Ysi la piscina ya no está abierta?

¿Ysi me pegan?

¿Ysi mi vaso está envenenado?

¿Ysi empiezo a llorar?

¿Ysi me enfermo y me muero?

En el poema «Ysi», Shel Silverstein personifica los pensamientos intrusivos (los «Ysi»). Cuenta como se treparon, brincaron y se divirtieron, intentando decir que los pensamientos hicieron lo que quisieron, cuando quisieron. 

3. Cogiendo moras, de Sylvia Plath

Las moras

son grandes como la punta de mi pulgar, y mudas como ojos

De ébano en los arbustos, henchidas

de un jugo azul y rojo que se desparrama entre mis dedos.

Yo no les pedí esta muestra de consanguineidad; así que deben quererme.

Ellas solas se van acomodando en mi botella de leche, aplanándose contra el cristal.

Está claro que las moras no pueden ser mudas ni sentir emociones como el cariño. Sin embargo, en el poema de Sylvia Plath «Cogiendo moras», ella usa la personificación poética para hablar de su vínculo profundo con esas frutas. 

Ejemplos de personificación en literatura

1. El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald

«[Los ojos de T.J. Eckleburg] no se asoman desde rostro alguno sino tras un par de enormes anteojos amarillos, posándose sobre una nariz inexistente. Es evidente que el oculista chiflado y guasón los colocó allí a fin de aumentar su clientela del sector de Queens, y después se hundió en la ceguera eterna, los olvidó o se mudó. Pero sus ojos, un poco desteñidos por tantos días al sol y al agua sin recibir pintura, cavilan sobre el solemne basurero.»

En este pasaje, el autor F. Scott Fitzgerald describe los ojos pintados en un cartel. Dice que los ojos cavilan, aunque no son humanos ni capaces de transmitir emociones. Esta personificación literaria le permite capturar el ambiente oscuro y lúgubre del cartel y el valle que describe. 

2. Sus ojos miraban a Dios de Zora Neale Hurston

«La muerte, aquel extraño ser de enormes pies cuadrados que vivía allá lejos, en el oeste. Aquella criatura enorme que vivía en una casa parecida a una plataforma, sin paredes y sin techo. Pues, ¿qué necesidad tiene la muerte de cubrirse, qué viento puede soplar contra ella? Vive en aquella gran casa, desde la que se domina el mundo. Vive allí, vigilante e inmóvil todo el día, empuñando la espada en espera de que un mensajero la mande llamar. Vivía allí desde antes de que existiera un dónde o un antes o un entonces.»

En Sus ojos miraban a Dios, Zora Neale Hurston usa la personificación literaria para describir el concepto de la muerte. Caracteriza a la muerte como una persona, atribuyéndole características físicas (pies cuadrados) y posesiones (una casa y una espada), con lo que nos dice que la muerte es poderosa e inevitable.

Personificación vs. antropomorfismo 

¿Cuál es la diferencia entre la personificación y el antropomorfismo? A primera vista, las dos herramientas de escritura creativa parecen intercambiables, porque la última se define como la atribución de características humanas a un Dios, animal u objeto. Sin embargo, al comparar los dos conceptos, es útil pensar en el antropomorfismo como algo literal: describe al animal u objeto actuando como un humano, como Mickey Mouse o Winnie the Pooh. La personificación, por otro lado, es figurativa. El propósito de la personificación es describir de forma más eficaz un objeto no humano atribuyéndole características humanas. 

Cómo escribir personificaciones 

¿Quieres aprender a usar la personificación de forma eficaz? Pon en práctica estos consejos: 

  1. Presta atención a la personificación cuando lees. Mientras lees libros y poemas, marca las instancias de personificación para poder empezar a ver las diferentes formas en que puedes incorporar el recurso a tu propia escritura.
  2. Piensa en el estado de ánimo o la emoción que quieres transmitir. Eso influirá en el tipo de características o comportamiento que le atribuyes al objeto. Para describir un clima ominoso, por ejemplo, puedes escribir: «Las nubes marchaban enfurecidas por el cielo». Si quieres una descripción más liviana y menos amenazante, puedes escribir: «Las nubes paseaban tranquilas por el cielo». Piensa primero en lo que quieres transmitir y luego elabora descripciones que coincidan con ese estado de ánimo.
  3. Úsalo concienzudamente. Al igual que cualquier otro recurso literario, la personificación puede perder su eficacia si la usas con demasiada frecuencia.

Mejora tu kit de herramientas de escritura

Al aprender a usar la personificación, puedes sumar una herramienta potente a tu kit de herramientas de escritura. Atribuir emociones humanas a objetos y personajes no humanos puede ayudarte a transmitir más eficazmente ambientes y contextos, contar una historia más vívida y, en general, a convertirte en un escritor más completo. 

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