Este enunciado es falso. Son cuatro palabritas, pero con todo un universo de significado. ¿Por qué? «Este enunciado es falso» es un enunciado que se contradice a sí mismo. Si el enunciado es falso y dice que es falso, entonces debe ser verdadero. Pero si es verdadero y dice que es falso, entonces debe ser falso. ¿Ya te estás arrancando el cabello? Te damos la bienvenida al alucinante universo de la paradoja.

Y, aunque quizá estés familiarizado con la paradoja del viajero del tiempo (si accidentalmente causas la muerte de tu abuelo, ¿cómo pudiste haber nacido para volver en el tiempo y ocasionar su muerte?), este universo es aún más grande de lo que imaginabas.

Enlaces rápidos

¿Qué es una paradoja?

Comencemos con una definición simple de una paradoja. Una paradoja es una afirmación, idea o escenario que se contradice. En otras palabras, los hechos dentro de una paradoja deben poder cancelar la lógica interna de esa misma paradoja.

Una clave para recordar: las paradojas suelen ser ilusorias. Imagínatelas más como experimentos del pensamiento que como observaciones de la vida cotidiana. Considera un triángulo de Penrose, un objeto que no puede existir en el universo tridimensional tal como lo conocemos. Podemos dibujarlo, claro. Podemos imaginarlo. Podemos visualizarlo. 

Pero, a fin de cuentas —al igual que decir «este enunciado es falso»—, el triángulo de Penrose no resiste el escrutinio lógico. Veamos algunos ejemplos comunes de paradojas para explicarlos.

Paradoja de Zeno

Imagina que estás a tres metros de un objeto. Para alcanzarlo, primero tienes que desplazarte a la mitad de la distancia. Ahora queda metro y medio. Para llegar al objeto, ahora debes desplazarte a la mitad de esa distancia. Y así sucesivamente. 

Si esto es verdad, ¿en algún momento podrías llegar al objeto?

Este es un ejemplo de paradoja tan común que es posible que hayas hablado de él con tus amigos de niño. Como lo afirma la paradoja de Zeno, debería ser teóricamente imposible desplazarse desde dos puntos cualesquiera, pues primero solo puedes desplazarte a mitad de camino entre ellos. Entonces, ¿cómo podemos llegar a otro lugar si tenemos que ir a la mitad del camino hacia él un número infinito de veces?

Este es un gran ejemplo de una paradoja falsa, un error lógico que inventamos con nuestras propias mentes. Por supuesto que podemos ir a tocar un objeto que está a tres metros si así lo deseamos. La experiencia vivida lo demuestra. 

Entonces, ¿por qué no sucede la paradoja en la realidad? Porque se trata de una pregunta matemática (dividir entre uno, ad infinitum) para un problema físico: una simple cuestión de la tasa de rapidez. La paradoja de Zeno es un gran ejemplo de cómo se enreda uno mismo en una paradoja con tan solo pensar en una idea desde la perspectiva equivocada.

El barco de Teseo

Este experimento del pensamiento se remonta a los días de Platón. Primero, imagina un barco de madera. Con el tiempo, el barco se desgasta. Una persona reemplaza el mástil. Otra persona reemplaza un tablón de madera en el casco. Con el tiempo, el barco vive más que todos sus materiales originales: es solamente un barco de reparaciones y repuestos. 

¿Sigue siendo el mismo barco?

La pregunta, por supuesto, es retórica. Si la respuesta es sí, el barco es una paradoja: el mismo barco, pero sin ninguno de los componentes originales. Si la respuesta es no, ¿cuándo se convirtió en un barco nuevo?

Intentando encontrar una respuesta, mentes desde la de Noam Chomsky hasta la de Heráclito han escrito acerca de conceptos filosóficos como el externalismo y el perdurantismo. En otras palabras, la pregunta representa una paradoja: tenemos que recurrir a la filosofía para al menos intentar contestarla.

El arte de la guerra

Hay una razón por la que El arte de la guerra de Sun Tzu todavía parece fresco después de todos estos años. Contiene suficiente sabiduría para comprender y expresar paradojas.

«El supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar», escribe Sun Tzu. ¿Qué? «En medio del caos, también hay oportunidades». ¿Eh? ¿Dónde?

Sin embargo, al analizarlas más de cerca, estas paradojas sacan a relucir verdades antiguas. , es mejor evitar una guerra cuando puedas para mantenerte fuerte de modo que te dé ventaja. , suele haber más oportunidades cuando hay caos que en tiempos de paz (si logras mantener la cabeza donde debe).

«La mejor victoria es vencer sin combatir», dice Sun Tzu. Y, por supuesto, es verdad. Si puedes evitar derramar sangre, pero aun así logras tus fines, ¿no eres mejor general de guerra que los mejores generales de guerra? Sun Tzu utiliza paradojas para fomentar un pensamiento fresco acerca de tus objetivos.

Paradojas en el lenguaje cotidiano

Tal vez no siempre nos demos cuenta, pero constantemente decimos paradojas sin pensarlo. Toma en cuenta algunas frases comunes en español:

  • Menos es más.
  • Tienes que gastar dinero para generar dinero.
  • La única constante en la vida es el cambio.

Por fortuna, la mayoría de nosotros entiende que estos no son experimentos del pensamiento. Usan una paradoja como recurso literario. Al decir que menos es más, por ejemplo, queremos decir que a veces decir poco puede tener un mayor impacto. Al decir que se tiene que gastar dinero para generarlo, estamos diciendo que alguien tiene que invertir primero si quiere obtener ganancias.

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Ejemplos de paradojas en la poesía

Cuando Shakespeare escribió que «Los cobardes mueren muchas veces antes de su verdadera muerte», creó una de las paradojas más famosas de la literatura. ¿Cómo puede alguien morir antes de la muerte? Por supuesto que no lo dice literalmente: Shakespeare nos está obligando a reevaluar la vida de los cobardes y las pequeñas muertes que sufren a causa de la vergüenza y el ridículo. 

En la literatura, las paradojas funcionan para romper patrones. Nos obligan a detenernos a pensar en el peso de una afirmación que parece ser falsa y reevaluar el pensamiento que la hizo parecer falsa en un principio.

Hamlet

Vamos a tomar prestada otra paradoja literaria de la poesía de «versos blancos» de Shakespeare. En Hamlet, Shakespeare hace que su protagonista diga algo extraño:

Debo ser cruel solo para ser amable.

A simple vista, esta afirmación no puede ser verdad: la crueldad y la amabilidad son polos opuestos. Pero lo que Hamlet está explicando es que lo que tiene que hacer durante la obra va a parecer contrario a sus motivos verdaderos y de fondo.

La odisea

En el poema épico de Homero, Odiseo le dice al cíclope que su nombre es Nadie. Cuando finalmente lanza su ataque contra el cíclope, el monstruo solo puede gritar que nadie lo está matando. Esto, por supuesto, crea una paradoja. Si nadie lo está matando, ¿cómo es que se está muriendo?

Homero utiliza este efecto con maestría para crear ironía a partir de una paradoja poética, ya que el público conoce algo que el cíclope ignora: el nombre verdadero de «Nadie».

La carretilla roja

No todos los ejemplos de ironía poética son tan directos. Tomemos una imagen simple: la famosa carretilla roja de William Carlos Williams. En la superficie, este poema no es más que una fotografía. Williams nos presenta la imagen de una carretilla roja, esmaltada por la lluvia, al lado de gallinas blancas. Eso es todo.

Prácticamente puedes escuchar cómo los estudiantes de poesía de preparatoria ponen los ojos en blanco. Pero ve más allá. El poema comienza con una frase que define lo que viene: «cuánto depende de…».

¿Cómo puede tanto depender de un simple objeto como ese? No es así. La descripción que viene después crea una paradoja, una afirmación que se contradice. Con solo tres palabras —»cuánto depende de»—, Williams alude a un significado más profundo que debe de retumbar debajo de la superficie.

La diferencia entre la paradoja y el oxímoron

En los ejemplos anteriores de paradojas en la poesía, vemos por qué una paradoja puede ser más que un oxímoron. La primera es una contradicción en un enunciado o en ideas abstractas (por ejemplo, la idea de retroceder en el tiempo y causar la muerte de tu abuelo por accidente), mientras que la segunda es una contradicción de términos; piensa en ella como la versión amplificada de una paradoja. 

Esto podría ser algo confuso. En esencia, ambos recursos provienen de la misma idea de autocontradicción, pero cada vez que puedas envolver una paradoja en algunas palabras reducidas e incongruentes (como «terriblemente bueno»), lo más probable es que tengas entre manos un oxímoron.

Usa ideas no realistas para darle vida a tus escritos

Bien hecha, una paradoja puede lograr mucho en tus escritos. Puedes usarla para exigir un análisis más profundo, como William Carlos Williams y su famosa carretilla roja. Puedes resaltar la naturaleza dual de un personaje, como lo hizo Shakespeare con Hamlet.

Incluso puedes usar una paradoja para crear tensión, como muchos escritores de ciencia ficción lo han hecho con la paradoja del viajero en el tiempo. Recuerda la película Volver al futuro (1985), en la que toda la tensión dramática surge de la obligación que tiene Marty McFly de evitar crear una paradoja autodestructiva.

Una paradoja puede parecer un nudo imposible de desatar. Pero como recurso literario, te darás cuenta de que es una poderosa herramienta. Piensa en la paradoja como una manera efectiva de liberarte de los clichés y de abrir maneras totalmente originales de caracterizar tu historia. La próxima vez que decidas describir un personaje, pregúntate: «¿Cuál es la paradoja autocontradictoria central que define a esta persona?». 

Por extraño que parezca, al identificar sus instintos autocontradictorios, verás que en vez de destruir a estos personajes, tienden a darles vida. Vaya paradoja.

Dale una oportunidad a la paradoja

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